domingo, 6 de noviembre de 2016

"Vacaciones en Roma", el cine en su máxima expresión

Gregory Peck decía que, cada vez que le enviaban el guión de una comedia, tenía la impresión de que Cary Grant lo había rechazado previamente. Y fue eso precisamente lo que sucedió con Vacaciones en Roma. Grant consideraba que la protagonista absoluta del film sería la actriz que interpretara a la princesa Ann y su partenaire masculino sería una mera comparsa.
 
A pesar de que estaba en lo cierto, Peck aceptó el papel. Lo que no podía predecir era que la princesa sería la debutante, al menos en Hollywood, Audrey Hepburn. Sin embargo, un actor con el talento y la generosidad de Peck, no tuvo más que reconocer que el estrellato de Audrey Hepburn era imparable, y que era absurdo destacar su nombre sobre el de la actriz en el cartel que promocio- naba la película. De hecho, pidió que se les pusiera al mismo nivel y anunció que ese año ella ganaría el Oscar a la mejor actriz. Y no se equivocó. Audrey Hepburn no era la primera opción de William Wyler. En realidad, el director había pensado en Elizabeth Taylor o Jean Simmons, pero ambas actrices estaban inmersas en otros proyectos.
 
La experiencia de Hepburn en Estados Unidos se limitaba a la interpretación de "Gigi" en Broadway, por lo que la actriz tuvo que pasar la prueba de rigor en la que se adivinaba que había nacido una estrella. Audrey Hepburn era diferente: una elegancia innata, un físico algo andrógino y, a la vez, sumamente femenino, y una sencillez que percibíamos verdadera y cercana, alejada del estereotipo hollywoodiense.
 
Sin duda, ella es la protagonista de Vacaciones en Roma, pero a partir de esta primera película su sola presencia iluminaría la pantalla de todos los largometrajes en que apareciera. Por supuesto, la compañía de un actor sobrio como Gregory Peck ayuda sobremanera en beneficio de la película. William Wyler demostró que era capaz (tal vez, "eficiente" es el adjetivo que mejor define la labor cinematográfica de este director) de dirigir una comedia romántica, con las dosis justas de humor y romanticismo. El resto de personales están perfectamente encarnados, sobre todo, Eddie Albert como fotógrafo vividor. Sin embargo, es la ciudad de Roma la que alcanza un protagonismo digno del tándem Peck/Hepburn.
 

Ciertamente, Roma nunca ha sido tan ciudad eterna como en esta película.
 
 
 
 
 

domingo, 23 de octubre de 2016

Mont Sant Michel. Sueño cumplido


Desde que vi una foto hace muchos años me pareció un sitio especial, de una gran belleza y que desprende misterio y magia por igual. El Mont Saint Michel es el sitio más especial que podríamos desear para celebrar nuestro aniversario. No hay palabras para describirlo. Hay que verlo y sobretodo sentirlo en tu propia piel. Si aún no lo habéis visitado, os recomiendo encarecidamente que vuestra próxima escapada la hagáis a la Baja Normandía, más concretamente a Beauvoir, y según os vayáis acercando por la estrecha carretera que lleva al pueblo, aparecerá en la lontananza, os atraerá hacia él como un canto de sirena… y sucumbiréis ante él. Rendíos al Mont Saint Michel.

Varias son las maneras de llegar al Monte Saint Michel, aunque finalmente todas confluyen en la carretera. Si la opción que elegís es con una auto caravana, tendréis el privilegio de poder dormir en la explanada del aparcamiento a los pies del monte, si bien deberéis pagar un pequeño cargo de unos 9 euros por día. Y sobre todo, si la marea está baja. Actualmente el Mont Saint Michel es accesible aún con la marea alta, pero eso sí, accesible no significa que se pueda aparcar. La explanada del Parking se inunda. No os preocupéis, no os vais a quedar sin vehículo. Hay carteles informativos que indican las mareas, amén de una web donde poder informarse de ellas con antelación.

Si la llegada la hacéis con vuestro coche y necesitáis un alojamiento donde dormir hay dos alternativas: La primera de ellas, bastante más cara que la otra es alojarse en uno de los innumerables y encantadores hoteles dentro de la ciudad amurallada, en el propio Mont Saint Michel. La segunda opción, mucho más económica, pero no tan atractiva obviamente es en Beauvoir. Este pueblo al que vigila el Mont Saint Michel está plagado de pequeños hoteles, restaurantes y mercados, a tan sólo un par de kilómetros de esta maravilla arquitectónica que os va a asombrar.

Y es que si habéis visto el Mont Saint Michel en fotos, o en internet, y os ha gustado… no habéis visto nada. Es el tópico del lugar que desmerece con las fotos, y aun así en ellas se ve espectacular. Imaginad cómo es verlo en directo. No lo imaginéis, no podréis a no ser que lo hayáis visto. A medida que os vayáis acercando os parecerá más y más asombroso. Espectacular.

Esta pequeña fortaleza está gobernada por la gran abadía que repunta en lo alto, y al abrigo de su muralla, un sinfín de construcciones de piedra y madera que antaño fueron casas, y ahora son hoteles, restaurantes, alguna iglesia, y locales donde comprar todo tipo de souvenirs y regalos referentes al Mont Saint Michel. Algo importante: en la entrada de la ciudadela, nada más entrar en la muralla, se encuentra una oficina de turismo.

Caminar por el recinto amurallado del Mont Saint-Michel y visitar la ciudadela que alberga es gratuito. Podemos pasear por la muralla rodeándola y contemplando las vistas del mar, que tanto con marea baja como alta son espectaculares. Y podemos introducirnos por sus calles, esas calles empedradas y en sempiterna subida en dirección a la Abadía. Caminamos a la altura de los tejados de las casas, casi mirando dentro de las habitaciones de algunos de los hoteles, y podemos visitar su pequeño y hermoso cementerio. E incluso podemos darnos el lujo de degustar algún manjar autóctono, como los mejillones, el pescado y la carne de cerdo o de ternera en alguno de sus bellos restaurantes. Todos ellos con elaboradas comidas y unas vistas de ensueño.

Para entrar a visitar la Abadía es necesario pagar unos 9 euros, y acompañaros de una guía de escucha, disponibles en castellano. Os recomiendo la visita, el interior de la Abadía responde a la belleza del exterior.

Increíbles salas, algunas de ellas inmensas, todas de piedra y con impresionantes columnas (no en vano una de ellas se llama la Sala de las Columnas). Grandes chimeneas y el antiguo montacargas de madera. Capillas de vistosas vidrieras e interesantes retablos, y el precioso jardín del claustro. Toda la Abadía está adornada en su exterior de misteriosas gárgolas, y las vistas desde cualquier zona abierta de la Abadía del Mont Saint Michel son espectaculares. La visita a la Abadía fácilmente puede llevaros un par de horas. Además la ayuda de la audio-guía es de gran valor para conocer la historia de la Abadía desde el comienzo de su construcción, allá por el siglo X, cuando no era más que una pequeña capilla en lo alto de una cima.

La salida de la visita a la Abadía coincide en el punto de entrada, pero por una puerta lateral, lo cual consigue que se eviten aglomeraciones. Cuando salgáis del Mont Saint Michel, si vuestra visita coincide con la marea baja, dad un paseo por la arena rodeando la muralla para descubrir la trastienda del Mont Saint Michel. La parte de atrás es igualmente espectacular, y se magnifica el concepto de fortaleza del lugar. También descubriréis una pequeña capillita en lo alto de una roca, sólo visible si hacéis este pequeño rodeo, que merece la pena. Así como contemplar esta maravilla del mundo tanto de noche como de día. El encanto que le dan las luces es impactante.

Como podréis deducir, el Mont Saint Michel, es un lugar que me ha sobrecogido, emocionado e impactado hasta tal punto que cuando caminaba de vuelta a nuestro coche, para volver al hotel y continuar rumbo hacia otros parajes de la Bretaña francesa, no podía dejar de darme la vuelta y dirigir la mirada de nuevo a la ciudadela amurallada y la abadía, arriesgándome a convertirme en estatua de sal, como la mujer de Lot abandonando Sodoma, sólo que estamos en Francia. A vosotros también os pasará.










domingo, 14 de febrero de 2016

Toledo mon amour

Adoro Toledo, deambular por sus calles sin rumbo fijo, lejos de los turistas (la siento como si hubiera nacido en ella). Hoy un día gris y lluvioso las calles están desiertas sin asomo de vida aparente.
La mejor forma de ver Toledo es perderse en ella. Caminar por sus calles empinadas y descubrir uno a uno sus rincones. Introducirse por un callejón sin salida, llegar al final y retroceder. Colarse a través de un portalón de madera vieja y cuarteada y ver el magnífico patio que se oculta tras él. 
Imaginar que hubo un tiempo, muy lejano, en el que coexistieron en esta ciudad las culturas derivadas de las tres grandes religiones monoteístas. Coexistieron más que convivieron porque este último verbo implica un cierto grado de armonía y no siempre la hubo. A estas alturas, eso importa poco. Toledo está ahí, con su catedral y sus iglesias y ermitas cristianas, sus mezquitas y sinagogas. Queda la huella de lo que esta urbe fue en su momento: uno de los grandes centros culturales del continente. Ese es el espíritu que el turista puede buscar por sus calles. Y para eso no hacen falta brújula ni orientación. Te tienes que dejar guiar por tu instinto y por el azar. 
Lo menos conveniente en Toledo es planificar y ordenar la visita, porque entonces la magia no se hará presente con tanta facilidad.
Pero antes de iniciar el lento deambular por sus calles, conviene tener una visión de conjunto. Lo mejor es contemplar la ciudad desde alguno de los miradores. El del Valle, al otro lado del Tajo, ofrece la estampa más típica. Sube hasta él, haz un pequeño esfuerzo de imaginación y contempla el esplendor de Toledo tal y como era hace más de cuatro siglos, cuando El Greco estaba en la ciudad.
Después, piérdete. Literalmente. Seguro que en algún momento llegaras hasta la zona más alta de la ciudad, donde se encuentran el Alcázar y la plaza Zocodover. De esta te llamará la atención su encanto provinciano. Muy lejos queda el tiempo en que Toledo fue capital de España (cuando llegó El Greco hacía ya 16 años que había dejado de serlo) a mediados del siglo XVI. Para entonces las tensiones religiosas y la labor metódica e implacable de la Inquisición habían hecho de las suyas. 
Descendiendo desde Zocodover, llegaras hasta la catedral. Por el camino, deberas hacer trabajar de nuevo a tu imaginación para borrar de lonjas y soportales todos los establecimientos de quincallería que llenan la calles hasta la saturación: esas armaduras más falsas que una moneda de tres euros, esos cuchillos, navajas y escudos que deforman el aspecto de la ciudad hasta convertirla en un parque temático de una Edad Media que nunca fue así. 
Caminando de acá para allá, te encontrarás con la soberbia Puerta de Bisagra, el Monasterio de San Juan de los Reyes, la mezquita del Cristo de la Luz, las sinagogas del Tránsito y Santa María la Blanca, los puentes de Alcántara y San Martín y, fuera del casco antiguo, el hospital de Tavera. Todos ellos, monumentos maravillosos, dignos de una visita tranquila y hay mucho más: museos, iglesias, plazas, rincones... 
La guinda del paseo, la cita ineludible aunque tengas que esperar, es la iglesia de Santo Tomé. Digámoslo pronto: no se trata de uno de esos templos inolvidables por la originalidad de su construcción ni la riqueza de su ornamentación. Si es el centro de la mayor parte de las visitas a la ciudad es porque en ella está -y no se ha movido nunca porque fue creado justo para ese espacio- 'El entierro del señor de Orgaz', uno de los cuadros más célebres jamás pintados. 
Solo con esa obra habría pasado su autor a la Historia del Arte, pero El Greco no se limitó a eso. Tienes que visitar su casa museo y el Monasterio de Santo Domingo el Antiguo, aquí está su tumba y sus primeras obras. 
Así que te dejo que hagas trabajar un poco más a la imaginación para sumergirse en el brillo y los misterios de esta ciudad irrepetible.
 






 

domingo, 20 de septiembre de 2015

Por qué estoy enamorado de Portugal

Porque parafraseando a Fraga, el que es different de verdad para un español es sin duda un Portugal al que siempre le hemos dado la espalda o quizá algo más abajo..., tan ignorado como cercano geográficamente en una paradoja que el gag de Llamazares pone en evidencia. Por increíble que parezca, en cuanto uno cruza la Raya (alrededor de 1.250 kilómetros de frontera) las diferencias son más que evidentes, y no siempre a su favor claro.
Sin embargo, cada vez me encuentro más españoles que se aventuran hacia lo desconocido, y después de haberse recorrido media Asia y parte del extranjero (desde Jordania, pasando por Vietnam o Zanzíbar, por ejemplo) ahora han decidido mirar al oeste y se han encontrado con que hay vida más allá de Mérida.
Después de muchos años de visitas periódicas al país de Pessoa, me permito la osadía de destacar algunas de las costumbres y curiosidades más chocantes para esos viajeros primerizos.
Hay silencio en todas partes. Portugal no es un país fácil de entender para nuestra mente carpetovetónica: está lleno de gente que habla en un tono bajo. Como tampoco voy a lanzar teorías antropológicas sin un trabajo de campo riguroso, a mí se me ocurre que puede ser por aquello de la saudade (leer más abajo) o por una positiva influencia anglosajona (que las hay; anglosajonas e incluso anglosajonas positivas). Curiosamente, cuando se les pregunta si no piensan que los españoles somos un tanto ruidosos, dicen que no, que les parecemos divertidos y alegres. Eso es mirar el vaso medio lleno y lo demás son tonterías.
Diferente forma de entender la conducción. Sí, tras el eufemismo se esconde la frase más descriptiva y coloquial: conducen como locos. Sin embargo, he de decir que si bien pensar así es el primer impulso, tiempo después uno se da cuenta de que se trata de un hecho cultural. Como que no se puede rechazar un té moruno en Marrakech, permanecer calzado en las casas escandinavas o clavar en Japón los palillos en la comida... En Portugal se conduce con iniciativa o no se conduce. Es decir, uno nunca debe mirar qué hace el otro y luego actuar sino todo lo contrario, primero te metes y luego ya miras. Una vez entendido esto y un buen seguro a todo riesgo, todo es coser y cantar.
La mayoría de sus playas no están destrozadas por la construcción galopante. Sí..., yo he visto playas que nunca creeríais más allá de Ayamonte. Tras sufrir en primera persona el lento machaque de alguna costa del sudoeste español, poder disfrutar de playas con sol y sin gente en la costa atlántica es un lujo. Antes de que alguien se lance a machacarme, quiero hacer la salvedad de que en esta descripción no estamos hablando del Algarve. Lo sé, el Algarve es una cosa y el resto de la costa portuguesa es otra. Es como si hubiera sido el experimento que te sale mal y clamas eso de "nunca mais". Entonces llega la divina providencia y te deja en lo alto de la Serra da Estrela una Ley de Costas que no se la salta un torero, perdón, un forçado.
Hay un Portugal chic desconocido. Si eres de los que piensan que Portugal deja mucho que desear en buen gusto y estar a la última, tienes que reciclarte. Te sorprenderá la arquitectura de sus edificios modernos, los acabados de las casas más modestas y lo detallistas que son en muchos de los sitios que visites ... En ocasiones puedes tener hartura del aroma decadente que desprenden algunas de sus ciudades (sobre todo Lisboa, y Oporto), sí, pero también te encantará el gusto por las cosas bien hechas y la elegancia bien entendida de algunos de sus restaurantes y sus comercios. (A mí nunca me habían cambiado los cubiertos con guante de felpa hasta llegar a la Ciudad Invicta).
Los camareros tardan siglos en servir pero, relaxing cafe con leite en la Praça da República. No solo ocurre en los restaurantes, pero efectivamente en Portugal el ritmo está contagiado de una especie de sentimiento fatalista de la vida, eso que algunos llaman saudade. O sea, una pachorra que no es normal, vamos. Pero todo lo suplen con una amabilidad nada servil y una efectividad en la segunda oportunidad que nos reconcilia con todo. Y después, claro, está la comida, que cuando al fin llega sorprende y satisface cualquier paladar. Y sí, creeme, es posible acostumbrarse al cilantro... ¡y que te guste!
Ni rastro de antiespañolismo. Nuestro querido profesor Miguel Ángel Bastenier decía alguna vez que los españoles ignoramos a Portugal por un sentimiento de agravio histórico. Decía el sabio periodista que al fin y al cabo representa a la "Cataluña" que sí logró separarse. Dejando a un lado la exactitud de la provocadora sentencia, es verdad que Portugal fue española durante sesenta años tras una incruenta anexión y enlaces diplomático-matrimoniales en la monarquía de Felipe II. Y quizá por esto y por las continuas escaramuzas fronterizas, Portugal ha tenido siempre la sensación de que iba a ser invadido o conquistado por nosotros; al principio, por las armas, después, culturalmente. En mi experiencia, no hay ni rastro de esa prevención, y si existe, no se hace patente. Supongo yo que los movimientos ronaldistas e ikeristas también han hecho lo suyo por esa pacificación.
Uno de los escritores portugueses más profundos e interesantes, Miguel Torga, decía que su patria acababa en los Pirineos. Si después de todo, te animas a probar esto del paniberismo, y haces de Sagres o Viana do Castelo tu última frontera, aquí te dejo unas pistas rápidas para españolitos:
  • No pidas una bica (café expreso) en Oporto, ni un fino (una caña de toda la vida) en Lisboa, sino todo lo contrario.
  • Es barato, pero no tanto. El 23% de IVA se nota, así que no te creas que vas a ser Mr. Marshall redivivo.
  • Casi todos los portugueses te van a entender cuando tú hables español, pero tú no vas a entender a casi ninguno cuando hablen portugués (muchos hablan español por cierto, y orgullosos de hacerlo)
  • No te olvides de probar el vino autóctono. Hace tiempo que se acabó la época de nuestros padres en que era difícil hallar caldos interesantes. Ahora hay muy bueno y, por cierto, barato.
  • Ya que vas a cruzar la Raya, no te pierdas las ciudades fronterizas españolas y portuguesas, desde Tui a Olivenza, Tavira, San Lúcar de Guadiana y Alcoutim, pasando por Aldea del Obispo o Elvas, suelen todas tener grandes fortalezas representantes del miedo que nos ¿teníamos?

jueves, 6 de marzo de 2014

Charla entre la razón y el corazón

¿Y si en realidad el tiempo no lo pudiese todo, si no fuese tan cierto que las cosas con el pasar de los días se van olvidando, o las heridas no se van cerrando, cuántas cosas cambiarían? Porque es muy fácil pensar que con solo dejar pasar los días, meses o años las cosas se solucionan, y lo peor es que uno se autoconvence, y se cree un superado, alguien que tuvo la suerte de superar un dolor y sobreponerse, y se vuelve a sentir fuerte...

Sin embargo, un buen día, quiza el menos pensado, todo el castillo que creías tan solido comienza a temblar, porque te encuentras de nuevo cara a cara con el dolor, con ese sentimiento tan helado y tan dormido del que ya casi ni te acordabas, y que, muy a pesar de todo, sigue ahí, y comienza a despertarse con todas las fuerzas acumuladas por el tiempo en que estuvo inactivo y quiere salir, quiere gritar que esta vivo y que va a dar pelea, por que la RAZÓN piensa:

"¡Otra vez no! ¿O acaso no te acuerdas el tiempo que te costó volver a ponerte en pie?, ¿O no te acuerdas de esas noche sin dormir, de esos desvelos y angustias, de tus días vacíos, de tus noches sin estrellas?. ¿Quieres realmente volver a vivir todo eso, o ahora que ya estás de pie no sería mejor que anduvieras por otros caminos?

Porque, sinceramente, amores no te faltan, tienes la capacidad de enamorar a quien quieras, y te vas a buscar un problema por un una mujer que, en realidad, no sabes si te quiere, no sabes si te engaña?...

¡Piensa! ¡No te equivoques! Una vez creíste tocar el cielo con las manos y en un instante descendiste al mas profundo de los infiernos, ¿Crees que vale la pena?.

Haz lo que te digo, no existen los amores eternos, y seguramente, todo eso lo único que te va a hacer es ilusionarte y volverte a lastimar."

Y se hace un silencio eterno...

El CORAZÓN, aturdido por las palabras de la RAZÓN, se queda sin aliento, pero despues de un rato de pensar, donde la RAZÓN ya creía tener ganada la partida, el CORAZÓN replica:

"No sé si tus palabras son del todo ciertas, pero se que no son tampoco del todo equivocadas: no es lo mismo pensar que sentir, no es lo mismo razonar que hacer las cosas impulsivamente, porque los que piensan son aquellos que nunca se arriesgan, y pobre de aquél que no este dispuesto una vez en su vida a perderlo todo por la persona que ama, pobre de aquél que no esta dispuesto a olvidar, porque nunca será perdonado, pobre de aquél que es tan ciego y vacío, que no es capaz de dejar de lado todas las trivialidades de la vida por amor... Pobre de quien teniendo en frente el amor de su vida, no es capaz de quitarse la careta y sentir...

Porque el amor no solo es alegría, no solo es paz y ternura, el amor es tambien dolor y lágrimas, es angustia y desvelo, es muchas cosas, pero bueno...la verdad es que no se que pesa más, si la RAZÓN o el CORAZÓN.

Lo que si se, es que si uno no siente ,se transforma simplemente en una roca, una cosa que no es capaz de demostrar cariño y confianza, un cuerpo sin alma. Por eso creo que uno debe jugarse por lo que siente... le puede salir bien o mal, puede equivocarse o vivir el resto de su vida con la persona que ama... lo que sí es cierto es que jamás perdonaría a alguien que por rencor o desconsuelo no sea capaz de tomar a la persona que ama, y gritarle a todo el mundo que por ella daría la vida...

Y, por último, otra cosa que tengo bien clara, es que el que se enamora soy yo, y el amor se siente con el CORAZÓN, no con la CABEZA".

Se hizo el silencio... y, sin mediar palabra, el CORAZÓN, decidió tomar el camino correcto... y fue tras el Amor...


miércoles, 5 de marzo de 2014

La esperanza y los sueños

Un pequeño gusanito caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes.
- ¿Hacia donde te diriges?, le preguntó.

Sin dejar de caminar, el gusanito contestó:

- Tuve un sueño anoche; soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el saltamontes  dijo, mientras su amigo se alejaba:

- ¡Debes estar loco!, ¿Cómo podrias llegar hasta aquel lugar? - !Tú, un simple gusano!. Una piedra será para ti una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.

Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó.

Sus diminutos pies no dejaron de moverse. De pronto se oyó la voz de un Escarabajo:

- ¿Hacia donde te diriges con tanto empeño?

- Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante:

- Tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo. El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo:

- Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa.

Y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras el gusano continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centimetros. Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir de su sueño!

-¡No lo lograras jamas! - le dijeron-, pero en su interior habia un impulso que lo obligaba a seguir. Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su ultimo esfuerzo un lugar donde pernoctar:

- Estaré mejor, fue lo ultimo que dijo, y murió.

Todos los animales del valle por dias fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal mas loco del pueblo. Habia construido como su tumba un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió "por querer realizar un sueño irrealizable".

Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una ADVERTENCIA PARA LOS ATREVIDOS. De pronto quedaron atonitos.

Aquella concha dura comenzo a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena que no podía ser del  gusano que creían muerto. Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arco iris de aquel impresionante ser que tenían frente a ellos: UNA MARIPOSA.

No hubo nada que decir, todos sabian lo que haría: se iría volando hasta la gran montaña y realizaría un sueño; el sueño por el que habia vivido, por el que habia muerto y por el que habia vuelto a vivir.

"Todos se habian equivocado".

Dios no nos hubiera dado la posibilidad de soñar, si no nos hubiera dado la oportunidad de hacer realidad nuestros sueños......

Si tienes un sueño, vive por el, intenta alcanzarlo, pon la vida en ello y si te das cuenta que no puedes, quiza necesites hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en tu vida y entonces, con otro aspecto, con otras posibilidades y circunstancias distintas: !!LO LOGRARAS!!!!

EL EXITO EN LA VIDA NO SE MIDE POR LO QUE HAS LOGRADO, SINO POR LOS OBSTACULOS QUE HAS TENIDO QUE ENFRENTAR EN EL CAMINO



martes, 25 de febrero de 2014

Ser Padre

Cuando te enteras que vas a ser padre, tu vida cambia de repente y además a una velocidad vertiginosa. Piensas que vas a ser malísimo en esto de la paternidad y que vas a ser genial, todo a la vez, en cualquier momento. Eres un padre distinto cada mañana con un hijo que también es diferente, que cambia en cuestión de horas, o minutos, o delante de tus ojos. Tienes días buenos y días malos, minutos buenos y minutos malos, buenas decisiones y no tan buenas. Algunas cosas, probablemente un montón, las haces mal y las seguirás haciendo mal.

Tienes que aprender a ser indulgente contigo mismo, porque te quieren y te necesitan como a nadie. Estás escalando el monte Everest a pelo, así que no te preocupes si al principio lo haces fatal y lo sigues haciendo de vez en cuando mal, los hijos no traen manual de instrucciones.... ¿Quién nos enseña a ser padres? ¿Qué hay que saber para convertir un bebé en un adulto sano?

Ser padre no es nada fácil, joder es bastante difícil a veces, y en la actualidad vivimos en una cultura en la que la facilidad se equipara al valor de las cosas; cuanto más fácil, mejor, y si algo te cuesta más es porque te estás equivocando. Pero lo cierto es que a veces las cosas más difíciles valen realmente la pena. De vez en cuando, ocurre que las cosas que considerábamos más difíciles resultan ser las más simples y sencillas. A esto se le llama un milagro, y aunque lo puedas asociar en cierta medida a la lectura de un libro, a la alineación de los astros, a la manera mágica en que acaricias las plantas del pie de tu hijo cuando es pequeño , se puede decir que se trata de un milagro. Y las probabilidades de que este mismo milagro le ocurra a TODOS LOS PADRES DEL MUNDO son ínfimas, incluso teniendo en cuenta los libros, los astros y las caricias. A veces las dificultades son positivas; nos hacen crecer. Y resulta que ser padres acarrea dificultades. Cualquier libro que te diga lo contrario es una mierda.

Sabrás lo que es ser padre cuando ves que va creciendo y tú lo acompañas, va avanzando y tú estás a su lado, y se va haciendo adolescente y en ese proceso tú no lo dejas, por duro que sea el ver que poco a poco se desprende de ti, para ir en busca de sí mismo.
Sabrás lo que es ser padre cuando oigas el reclamo inesperado y su deseo de independencia. El día que deje de acompañarte, porque sus amigos lo esperan y sientas que tu corazón se estremece, porque el día llegó antes de lo que pensabas y sientas profundamente que así debe ser, porque es el precio que pagarás por el aprendizaje de su vuelo definitivo.

Y finalmente sabrás lo que es ser padre cuando un día tu hijo tenga que partir para estudiar en otro lugar, y la nostalgia consuma las horas que antes feliz disfrutabas en su compañía y quizás sea el teléfono o internet lo que te ligue a el.

Y sobre todo cuando alguien venga y lo lleve de tu lado para perseguir otro arco iris, el de su propia vida, compartida con alguien a quien amará y tú deberás aceptarlo, porque esa es la ley de la vida y tu hijo te fue solamente prestado por un tiempo.
Entonces sabrás lo que es saberte padre. Que no estudiaste para ello, pero lo viviste y lo seguirás viviendo. Y el regocijo que eso te proporcionará deberá entonces ser mayor que el dolor que supone el sentir que algo muy tierno se despide de tu alma. Pero es sólo entonces que podrás saber con plenitud, la maravillosa experiencia, regalo de Dios vivo, que es saberse padre.

El gran premio de la paternidad es un sentimiento de amor incondicional que no se puede describir. Es lo más grande, pero hasta que lo experimentas no sabes en qué consiste.